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Comentarios de terapeutas en formación en el CTB
Buenos Aires 22 de agosto de 2006
¿El ILOP en la práctica privada?
Ingresé a trabajar como terapeuta del C.T.B. a fines del 2004. En mi primer reunión de equipo escuché a mis colegas discutir con total naturalidad de algo absolutamente desconocido para mí: “el Inventario de Logro de Objetivo en Psicoterapia”. Si bien tenía conocimiento de que existen investigaciones sobre la eficacia y eficiencia de las psicoterapias nunca había participado en una.
Conversaban sobre “eso” con una despreocupada soltura y aunque mis tímidas preguntas eran respondidas yo no lograba comprender del todo de que se trataba. En las siguientes reuniones fui entendiendo más sobre “eso” que ya para mi también era el ILOP.
Gradualmente fui digiriendo que era la MO o la SE y entendiendo la relación entre RP y SMP, finalmente me familiaricé con el instrumento.
En principio debía aplicarlo cada 5 o 6 sesiones y facilitar los datos al equipo para realizar la validación estadística. A medida que el inventario se consolidaba en la investigación también yo comenzaba a percibir y valorar su efecto feed-back.
Podía ver que cada aplicación del ILOP era un reajuste para lograr mejor eficacia, sumaba datos a mi percepción clínica sobre el consultante, entre otras cosas algunas veces me ayudaba a valorar logros que yo como terapeuta había pasado por alto y otras me indicaba no sobrevalorar algunos indicadores de cambio. Pero lo más sorprendente en la mayoría de los casos era la apropiación por parte del consultante de los resultados del ILOP lo que a su vez generaba una mayor aceptación al tratamiento.
Sin embargo, a pesar de este beneficio la utilización de esta herramienta quedaba circunscripta a mi práctica en el C.T.B. En el encuadre de mi consultorio particular no había considerado utilizarlo.
Paralelamente, en mi práctica privada, atendía a una paciente depresiva que en un inicio respondió lenta pero favorablemente al tratamiento y luego de unos meses no evidenciaba nuevas mejorías. Veía a una consultante desanimada, sin ganas de venir a terapia ni de continuar con la medicación. Obviamente el desánimo y la visión negativa eran propias del cuadro, pero corría el riesgo de un abandono al tratamiento. Entonces apelé al ILOP.
Y no me decepcioné, pero sí me sorprendí.
Los resultados indicaban una mejoría considerable en la consultante, una motivación media-alta y una reducción muy importante en el malestar. Frente esto le expliqué a la paciente el gráfico y le manifesté mi duda al respecto. Pregunté qué pensaba, me dijo que coincidía con estos resultados, que ella se sentía mucho mejor y que había logrado muchos cambios, aunque aún faltaban y a pesar de que el desánimo era general ella estaba muy comprometida y satisfecha con los logros del tratamiento.
En esa oportunidad el ILOP me resultó una herramienta estratégica para redireccionar el tratamiento e intervenir contando con la valoración que la paciente hacía de su tratamiento y de su estado. Por ejemplo cada vez que su motivación bajaba podía remitirme a la apreciación que ella había realizado de sus logros generando un nuevo feed-back. Además debo reconocer que también aumentó mi propia motivación por el caso.
A partir de allí lo apliqué a varios consultantes logrando el efecto feed-back que tanto me había servido antes. Mis consultantes, lejos de conocer al CTB y el encuadre utilizado allí se muestran satisfechos con el ILOP y se apropian responsablemente de sus resultados.
Licenciada Verónica Abdo.
Experiencia con la aplicación del ILOP como complemento de la psicoterapia
El ILOP es una herramienta gráfica y objetiva que me da la pauta (a mí como terapeuta) de cómo se encuentra el consultante en relación a determinado malestar/dificultad.
Y, una vez en tratamiento, me da información acerca de si el tratamiento está influyendo sobre esta dificultad y, de ser así, de qué manera lo está haciendo.
Preguntas tales como:¿el consultante está pudiendo resolver su dificultad? ¿nos estamos acercando a la meta y objetivo del tratamiento? ¿el consultante ha podido identificar, e incluso desactivar, conductas inapropiadas? etc., son interrogantes fáciles de contestar desde este Inventario.
Por dichos motivos, el ILOP se convierte en una manera fácil y práctica de identificar cada una de las variables en juego en la problemática del consultante.
Es decir, facilita la identificación y posterior evaluación de las diferentes variables que forman parte del motivo de consulta (¿cuenta con recursos?¿cuáles son?¿el entorno colabora?¿cómo influyen las circunstancias actuales?).
Además, el ILOP da información de dos tipos:
- información de tipo “transversal”, esto es, información acerca de cómo se encuentra hoy un paciente en relación a determinada dificultad.
- Información que puede ser utilizada de manera “longitudinal”, es decir, a lo largo del tiempo, comparando los ILOPs del consultante desde que inicia su tratamiento hasta el pasaje a Mantenimiento (e incluso durante el Mantenimiento) ya que, usado de esta manera, nos indica cómo se ha ido dando la evolución de la dificultad a lo largo del tratamiento.
Por otra parte, el ILOP tiene la ventaja de ofrecernos mucha información, muy rica y en un período muy corto de tiempo.
Éste nos ofrece la posibilidad de poder identificar, de manera rápida, clara y despejada, información que, de lo contrario, a lo largo del relato del consultante o, mejor dicho, en el diálogo con él, también se puede obtener pero de una manera mucho más confusa y “enredada”.
De esta manera, el ILOP permite apreciar las variables/aspectos realmente relevantes y despejar aquello que es anecdótico e irrelevante.
Y si bien no viene a “reemplazar” lo que se conoce como el “ojo clínico”del terapeuta, sí viene a “complementarlo”.
Esto hace que también sea una herramienta ideal para los terapeutas que se están iniciando en su profesión (es muy interesante y de gran utilidad cotejar-comparar la mirada subjetiva del terapeuta (acerca de las dificultades de su consultante) con la mirada más “objetiva” de una herramienta como ésta (de todas maneras, no está de más recordar que el ILOP no tiene “vida propia” ni habla por sí mismo sino que es el terapeuta quien debe poder darle sentido y hablar a través de él).
Licenciada Luciana Gambino.
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